Hace unas semanas tuve que quedarme a cuidar de mis primas pequeñas (4 y 6 años). No sé si lo había dicho antes por aquí, pero me encantan los niños, me hacen sentir muy bien, me sorprenden día a día, y más mis primas, que son muy despiertas y muy dicharacheras, siempre están jugando, gritando, bailando, disfrazándose… a veces peleándose también, pero bueno, eso es normal, son cosas de niños. Además, no me puedo quejar, porque yo ya tengo 26 años y soy mucho más infantil que ellas.
Pues eso, que tuve que cuidarlas durante un ratillo y me lo pasé tan bien con ellas que aún me estoy riendo de algunas de sus invenciones y de la capacidad de imaginación que tienen los niños. Simplemente un par de toallas sobre los hombros a modo de alas y unas mantas sobre dos sillas en forma de cueva, son suficientes para que dos niñas revoltosas se conviertan en Wendy y en Campanilla.
El caso es que yo quería ser Peter Pan, y quería llevarlas conmigo al país de Nunca Jamás, pero según ellas… “ezo no ez divertido” (con z porque la más pequeña cecea). Para ellas yo tenía que ser el Capitán “Garcio” (como decían ellas), así que escondí una manga en la camiseta, cogí un gancho de las cortinas y me tapé un ojo (como los piratas) y antes de darme cuenta ya me había convertido en un Capitán Garfio de casi dos metros.
Entre los disfraces improvisados, un peluche de cocodrilo que tenían en un baúl y las mantas en forma de cueva en la habitación… no paramos de reírnos en toda la tarde, eso sí, me tiré más de media hora para recogerlo todo, porque cuando fui a darme cuenta, habían sacado el azúcar de la azucarera y la fueron tirando por todas las habitaciones de la casa (como si fuera polvo de hadas) diciendo: “¡¡Yo sí creo en las hadas!! ¡¡Yo sí creo en las hadas!!”. En fin, esa tarde fue toda una locura, pero me divertí mucho.
Es curioso, llevo toda mi vida tomando el camino equivocado, yo creía que era un “niño perdido” sin saber qué hacer, dónde ir… y resulta que dos niñas han conseguido que vea que no tengo por qué ser un niño perdido. Si yo quiero y me esfuerzo, puedo ser Peter Pan, o el Capitán Garfio, o el Sr. Smith, todo depende de lo que a mí me apetezca en cada momento, no de lo que los demás quieran que yo sea.
Han bastado unas horas para que dos niñas me abran los ojos y me demuestren que querer es poder, que a veces las cosas no son tan difíciles como creemos y que si cierro los ojos y creo en mí mismo, no necesito nada más para llegar muy pero que muy lejos. Simplemente he de esforzarme por ser yo mismo y por no tener tanto miedo a los problemas, porque (como aprendí esa tarde) todos se pueden solucionar con “Confianza, fe y polvo de hadas”.











