
Tú eres la Bella y yo solo un Bestia encerrado en mi castillo, aburrido de hablar con relojes de pared y con candelabros con acento francés. Solo aspiro a ver cómo se van cayendo los pétalos de la rosa que guarda mi vida en una urna de cristal, porque mi Bella ha escogido el camino fácil y se ha quedado con “Gastones” de medio pelo.
Tú eres Jasmín y yo aún no he aprendido a ser Aladdín. Practico con la alfombra de mi casa pero la jodida no aguanta mi sobrepeso y no logra levantarme a más de un palmo del suelo. Además, después de dejarme las yemas de los dedos frotando mi lámpara mágica, he descubierto que hasta el puto genio está en paro por culpa de la crisis y ahora soy yo el que tiene que concederle los “deseos” a él, porque sin su sueldo de genio, el pobre no llega a fin de mes sin mi ayuda.
Tú eres mi princesa y yo el sapo que croa y croa en la charca que hay bajo tu balcón, sabiendo que nunca llegará a ser el príncipe azul (ni verde, ni rojo, ni lila…) porque le ha tocado una princesa repipi y asquerosa, que nunca se atreverá a dejar su palacio para ensuciar sus zapatos de cristal con el cieno de una charca, y menos para obtener como premio el beso de un sapo feo y verrugoso.
Tu eres mi gitana, mi Esmeralda, y yo un Quasimodo más, que sabe que no tiene un físico impresionante, pero que moriría y mataría por defender a su gitana ante cualquiera. Sí, tengo chepa ¿y qué? Me salió de tanto arrodillarme ante ti para besar el suelo que tú pisas. Pero tú no me quieres y yo me paso los días saltando por la torre de mi catedral, haciendo repicar las campanas al son del amor no correspondido, y hablando con las gárgolas de piedra que se asoman pos los tejados para consolarme cuando ven que estoy jorobado (de Notre Dame).
Aún así, que sepas que seguiré luchando por conseguir que mi alfombra vuele hasta tu castillo y podamos llegar los dos juntos a ser felices en “un mundo ideal”. Y seguiré croando bajo tu balcón por si te cansas de tantos besos con príncipes y prefieres el beso baboso de un sapo de charca. Y no dejaré de besar el suelo por donde tú pisas hasta que veas en mí algo más que una joroba y una cara deforme.
De todas formas, si esto no sucede, si prefieres a tus Gastones, a tus príncipes, tus riquezas y tu vida de niña rica, yo estaré ahí, para seguir apoyándote, te ofreceré mi hombro para ayudarte a seguir adelante, o para que llores sobre él cuando te haga falta, porque ya hace tiempo que me dí cuenta de que en esta vida, algunos cuentos no siempre tienen un final feliz.
P.D: Dedicado a un murciano con acento de Madriz.





