
Buenas noches, o días, o tardes… no sé qué hora será en el cielo, aunque como Usted es omnipotente, omnipresente y eterno ni siquiera creo que eso le importe, Usted es el único en el que se cumple la palabra “siempre” porque todos los demás somos como los yogures del Mercadona… perecederos, antes o después nos caducamos.
En fin, a lo que iba, el motivo de esta carta es pedirle algunas explicaciones… me explico: si resulta que todos somos hechos a su imagen y semejanza (señor Dios) ¿porqué no me parezco a George Clooney, o porqué no tengo la mente de Einstein, o el cuerpo de Rafa Nadal, o a Eva González como novia? ¿Porqué? ¿eh?
Yo creía que Usted era pura generosidad, pero se ve que llegué tarde el día que repartió la belleza entre los que estamos en el mundo, porque hay que joderse… yo me comparo con “El duque”, Hugo Silva, Miguel Ángel Muñoz, y es que lo único que tenemos en común es que respiramos para no morirnos, porque hasta el blanco de los ojos lo tienen más bonito que yo.
Yo creo que lo mío es cuestión de mala suerte, porque cuando Usted estaba repartiendo la belleza se acabó justo antes de que yo llegara. Claro, como era el penúltimo, nos quedamos sin nuestra dosis de belleza la que iba después de mí (una tal María Teresa Fernández de la Vega) y yo. Pobre mujer, ella salió peor parada. ¿Quién sabe hasta donde habrá llegado la pobre con la cara que le dejaron? Seguro que no muy lejos. Porque si a mí me ponen esa cara de anoréxica estreñida me suicido a cabezazos contra las puertas del cielo.
Lo dicho, en belleza me dejaste con una mano delante y otra detrás, pero eso sí, para “compensar” me diste 1’90 de estatura, así podía pasar desapercibido entre la gente para que nadie me viera y podía ocultarme fácilmente en cualquier rinconcito… Ejem, ejem, hay que ser muy cabrito, porque una cosa es crear a un tío feo, pero crear un tío feo de casi 2 metros… eso ya es recochineo.
¿A Usted le gustaría que le hicieran algo así? Que viniera Dios de repente y le dijera: “Mira Zoldar, soy Dios y vas a ser feo, y para más INRI (nunca mejor dicho) te voy a hacer más grande de lo normal, te van a asomar los pies en cualquier cama que te acuestes, no vas a entrar por las puertas de las casas antiguas, no te van a caber las piernas en los asientos de los autobuses y por si fuera poco cuando te compres pantalones, los que te vengan de la cintura, te llegarán por las espinillas. P.D. Si tienes algún problema rézame, que lo mismo escucho tus plegarias y te pongo en la cola de los milagros de Lourdes, a ver qué si pueden solucionar esa cara y ese cuerpo.”
Y ya no solo eso, sino que también hay que aguantar a todos aquellos/as graciosillos/as que se piensan que por medir 1’75 son perfectos: “Zoldar, tienes que ver las ventajas de ser alto. Siendo alto eres el primero en enterarse de que llueve, además si vas a coger fruta de los árboles siempre podrás coger las de la parte alta y no necesitas coger una escalera, sólo tienes que estirar el brazo. ¿No lo ves? ¡¡Todo son ventajas!!
Y claro, yo pienso: ¿para qué cojones quiero ser el primero en saber que llueve? ¿para mojarme más que ninguno? Además, ¿Cuántas veces en mi vida he ido yo a recoger fruta? Si la única fruta que he cogido ha sido en el supermercado y he tenido que hacerme tres pliegues al agacharme a recogerla de las cajas que ponen los fruteros en el suelo.
En fin, por hoy creo que ya está bien de reprimendas, no vaya a ser que con tanta queja me caiga un castigo divino y en vez de arreglarme la cara, me acabe poniendo la nariz de Rosi de Palma, la boca de la Yola Berrocal y la mirada del Dioni.





















