jueves, 13 de noviembre de 2008

CON LA SOGA AL CUELLO


¿Has pensado alguna vez en suicidarte?

De vez en cuando me hago y me hacen esta pregunta, y yo siempre respondo lo mismo, sí que lo he pensado, muchas veces, pero que lo piense no significa que sea capaz de hacerlo. No creo que acabe suicidándome, no tengo ni el valor ni la cobardía necesaria para ello, pero muchas veces pienso en la gente que sí lo hace.

¿Qué piensas cuando vas a suicidarte? ¿Qué puede llevarte a dar ese paso? En realidad nunca he estado tan mal como para decir: “abro el balcón, me subo a la barandilla y me dejo caer”. Vivo en un tercero, así que el golpe sería lo suficientemente grande como para acabar tirado en medio de la calle, con un charco de sangre y decenas de curiosos alrededor. Pero en cambio, siempre me doy un minuto más, que acaba siendo una hora, que a su vez acaba añadiendo un día más en mi vida.

Hay que estar muy mal y muy desesperado para matarse, para ver que tu única salida es que no hay salida, o que al menos tú no la ves. Tiene que ser muy duro “dejarse caer”, tienes que estar pasándolo realmente mal. Muchos piensan: “¿qué problemas podría tener esta persona para matarse, si en realidad lo tiene todo en la vida?” pero claro, eso es siempre lo que parece, en cuanto empiezas a escarbar un poco, ves que no es oro todo lo que reluce, y no es que justifique el suicidio, no creo que se pueda justificar, pero si eres capaz de quitarte la vida, es porque lo que la vida te ofrece, a ti no te vale, no te merece la pena. Pierdes las ganas de vivir y sin ganas de vivir no hay vida.

En cierto modo creo que el suicida acaba con su vida, pero también con la de la gente que tenía alrededor. Por eso pienso que muchas veces es un acto de venganza hacia la gente que te ha hecho la vida imposible o simplemente que no te ha valorado cuando te tenía al lado: “ahí os quedáis vosotros con vuestros remordimientos de conciencia, que yo ya no voy a tener ninguno…” y en ese momento, saltas, o aprietas el gatillo, o dejas escapar el punto de apoyo para que te apriete la soga el cuello. A partir de ahí, se acaba tu sufrimiento y empieza el de los demás. Pero, ¿quién dice que si no lo hubieras hecho las cosas no hubieran cambiado? Quizás te pasas la vida amargado y te suicidas cuando tu vida estaba a punto de dar un vuelco.

No sé si para suicidarse hay que pensar demasiado o simplemente no pensar y dejarse llevar. No sé qué se puede sentir en ese momento justo en el que estás debatiéndote entre la vida y la muerte. No sé cuál puede ser el motivo de un suicidio. No sé si es de cobardes o es de valientes. Lo que sí sé es que la vida está llena de elecciones, unas fáciles y otras difíciles, unas buenas y otras malas, y si por algún motivo pones fin a tu vida y te rindes a mitad de la partida (de tu partida), no creo que estés haciendo la mejor elección, porque ese es el único movimiento en el juego que no tiene marcha atrás.

4 comentarios:

tetealca dijo...

Me quedo con:
"Nunca sabes cuando la vida va a dar un vuelco y todo va a cambiar"

"La muerte es lo único que no tiene marcha atrás"
Y Una reflexión:
"Lo que la vida te ofrece a ti no te vale, no te merece la pena"
¿Y que nos ofrece la muerte?

ZOLDAR dijo...

La muerte te ofrece dejar de pensar y de preocuparte, de sufrir, de agobios, de ansiedades... ¿Te parece poco? Eso sí, te cuesta un gran precio y es que pierdes todas las cosas buenas que te ofrece o que te puede ofrecer la vida.

Por eso no sé si te merece la pena.

tetealca dijo...

Todo eso que te ofrece la muerte, se puede conseguir también luchando y trabajando en ello.

Opositora dijo...

La mayoria de las veces el suicida es bipolar que se suicida en la fase maniaca.

La mayoria de las veces el suicida es un egoista cobarde con una vida de mierda.

La mayoria de las veces sencillamente tiene una vida de mierda.

La mayoria de las veces el suicida es alguien con baja tolerancia a la frustración incapaz de superarse a sí mismo y seguir adelante.

Pero te cuento una historia...

Érase una vez un padre de familia...hijo de un ludópata, al tiempo él también cayó en dicha adicción...hasta tal punto que terminó jugando a la ruleta rusa y él nunca volvió a casa. Supuestamente el padre de familia se suicidó, y su mujer y su hijo ni siquiera pudieron cobrar el seguro de muerte del padre de familia endeudado.