lunes, 1 de diciembre de 2008

SOLO SÉ QUE NO SÉ NADA


A veces no sé distinguir entre lo que he vivido y lo que he imaginado vivir. No sé, será que soy un soñador, será que vivo más por dentro que por fuera, el caso es que a veces me cuesta diferenciarlo.


En principio, todos los que habitamos en este mundo somos humanos ¿no? Bueno, unos más que otros, pero en general todos somos humanos, tenemos dos manos, dos piernas, una cabeza, un par de ojos… no sé, todas esas cosas imprescindibles con las que todos venimos de fábrica para ser considerados de la especie humana.


Según dicen, todos antes o después nos hacemos las mismas preguntas existenciales ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Qué va a ser de mi vida? ¿Por qué estoy en pelotas en mi cama y cómo cojones he llegado hasta aquí? No sé, cosas normales del día a día.


¿Qué? No me digas que nunca te has preguntado cómo es que te has levantado desnudo en tu cama sin recordar lo que has hecho la noche anterior. Pues yo tampoco, hasta que he abierto los ojos esta mañana. No recuerdo nada, ni de lo que hice, ni de lo que no hice, ni siquiera de cómo lo hice (si es que hice algo). Lo único que sé es que me he levantado sin ropa y con dolores hasta en las pestañas.


El caso es que después de unas cuantas aspirinas para el dolor de cabeza y una taza de caldo caliente, he decidido concentrarme en lo que hice la noche anterior, y creo que puedo ir reconstruyendo algunas de las opciones, aunque no estoy seguro de cuál es la opción buena, ni siquiera sé si alguna de ellas pasó en realidad.



OPCIONES:


a) Salí de fiesta con unas amigas y me encontré con una chica con la que llevo tonteando ya un par de semanas, la invito a tomar una copa, seguimos tonteando: que si vas muy guapa hoy, que si tú también, una copa de más, una vergüenza de menos, pin pan pun… acercamientos, roces, la mano tonta, cuchicheos… magreo, salida del pub, calentón en el coche y acabamos en mi casa. Pasa lo que tiene (o no tiene) que pasar y cuando me despierto estoy desnudo en mi cama sin acordarme de nada de la noche anterior. (¡¡¡Joder, vaya putada, a ver si me ha costado dos semanas liarme con ella y ahora que lo he conseguido, no me acuerdo de nada, al menos para poder contárselo a mis amigos!!!)


b) Me visto para darme una vuelta, me pongo guapete (dentro de lo posible, porque todavía no he ido a Corporación Dermoestética), nadie quiere salir conmigo porque todos y todas tienen sus planes. Total, que me hago yo mismo mi propio botellón, me bebo hasta el agua de fregar los platos, salgo de mi casa “contentillo” y acabo yéndome de pubs. La noche termina en un “pub de ambiente” que hay relativamente cerca de mi casa para tomarme la penúltima copa. Conozco a un chico muy simpático (Christian) que intenta ligar conmigo; no le hago caso, sigue insistiendo, me invita a un cubata (cubata gratis, no lo pienso) acepto, me tomo el cubata, al cabo de un rato empiezo a ver borroso, se me acerca, me abraza, me sujeta, me agarra del culo, ¿Me está metiendo mano?… ¡¡¡Me está metiendo mano!!! Y lo siguiente que recuerdo es levantarme en pelotas en mi cama. (Dios mío, sé que hace tiempo que no oyes hablar de mí por tu iglesia, pero si me ayudas a recordar que esta no era la opción correcta te prometo por lo menos dos semanas de castidad y obediencia).


c) Estoy aburrido en mi casa, llamo a todos/as mis amigos (o sea, dos personas) para ver si puedo acoplarme al plan que llevan, pero me dicen que no, así que decido salir yo solo. Me arreglo un poco, me echo colonia y mientras bajo por las escaleras del edificio escucho cómo los vecinos del 2º A se pelean entre ellos: “¿Qué tiene ella que no tenga yo? -decía mi vecina-. Pues tiene un montón de cosas, si quieres te las ordeno por orden alfabético -respondía el vecino-… total, que salgo del edificio, me pido un taxi y le digo al taxista que me lleve a cualquier sitio donde haya fiesta. Media hora más tarde me encuentro en una discoteca en medio de una fiesta de la espuma, bailando y gritando medio borracho encima de una tarima, lleno de espuma y con la camisa en la mano haciendo círculos por encima de mi cabeza como si estuviera en un rodeo. De pronto veo al fondo, junto a la barra de la discoteca, a mi padre con los amigos con los que había ido de cena de negocios, me pongo nervioso, me resbalo con la espuma y caigo redondo al suelo. Lo veo todo negro, y lo siguientes que recuerdo ya lo sabéis, mi cuerpo desnudo dentro de mi cama.


Y ya no sé qué más me pudo ocurrir, quizá simplemente me acosté desnudo porque tenía calor, y no hubo chica, ni chico, ni fiesta de la espuma, ni nada de nada. Pero bueno, como no recuerdo nada, prefiero no pensarlo. El caso es que si por casualidad alguien se acuerda de lo que hice anoche, me puede mandar un sms, o en su defecto un comentario para refrescarme la memoria, y si eres la chica de la opción “a” además de refrescarme la memoria, vuelve a recordarme tu móvil porque con tanto ajetreo olvidé sacar del pantalón el papel con tu número de teléfono antes de meterme en la fiesta de la espuma. :-P

2 comentarios:

Esther dijo...

Tómate una segunda taza de caldo, y si sigues sin recordar, ve a por la siguiente noche...

Sonia Alonso Pérez dijo...

Uffff no sé yo creo que no te voy a poder ayudar...Pero hay unas clases de estimulación de la memoria bueniiisimmassss jijiji