lunes, 19 de enero de 2009

REWIND


Mira que le he dado vueltas y más vueltas, y creo que ahora, después de mucho tiempo he decidido lo que quiero ser de mayor. Sí, ya sé que puede parecer un poco tarde para decidirlo, pero conozco a gente que se muere sin saberlo, así que… no es tan tarde como os puede parecer.


El caso es que ahora tengo la sensación de haber perdido el tiempo, porque tanto estudiar filología y tanto estudiar periodismo para acabar por no ejercer ninguna de las dos carreras.

Lo de filología no pintaba nada mal, profesor de lengua y literatura (¡¡guauuuuu!!), trabajar quince o veinte horas semanales, sólo por las mañanas y con un buen sueldo… ¿quién diría que no a un trabajo así? Pues yo ¿quién si no?


Lo de periodista… es menos tentador, tienes un horario mucho menos definido, cuantas más fiestas haya, más trabajo tienes y si eres de sucesos… puff, para qué quieres más, tienes que estar al pie del cañón las 24 horas al día, porque los accidentes y demás no van a esperar a que a ti te venga bien de hora. Estaría un poco feo decir: “no es que no me interesen los 15 muertos del accidente de tráfico, es que como es muy temprano, dile a los de las ambulancias que se esperen a que me duche y me afeite que enseguida voy”.


A cambio el periodismo te ofrece muchas otras cosas, por ejemplo, no es tan rutinario como otros trabajos, no llegas a un despacho a ver siempre a la misma gente, con el mismo trabajo por delante, ves a mucha gente, hablas con muchas personas… cada día es un mundo, hoy puedes estar cubriendo un accidente, mañana una rueda de prensa, y el mes siguiente ¿Quién sabe?


El caso es que esta mañana, mientras estaba en mi habitación escuchando música, he llegado a la conclusión de que cuando sea mayor, lo que realmente quiero es… volver a ser un niño. ¡¡¡Sí!!! Quiero cerrar los ojos, contar hasta diez y al volver a abrirlos haber perdido 20 o 25 años. Lo había pensado muchas veces y ahora sé que cambiaría sin lugar a dudas los años (muchos o pocos) que me quedaran por vivir por volver a revivir los años que han pasado.


Quiero descrecer, quiero deshacerme mayor, no me interesa seguir hacia delante, quiero rebobinar, pulsar el “stop”, después el “rewind” y finalmente darle a “start”, no puede ser tan difícil, ¿no? Si hay gente en el mundo que se congela para no morir nunca, y hay personas que son capaces de cambiarse el color de la piel… ¿por qué no puedo yo dar marcha atrás y empezar desde el principio?


Es cuestión de elecciones, y yo no quiero pasarme la vida eligiendo entre una novia rubia o morena, guapa o fea, gorda o delgada, en cambio prefiero volver a morderme las uñas por no saber qué elegir, si Phoskitos o Tigretones, un bocata de Nocilla o un Bollicao.


Se acabó lo de ahorrar para pagar la hipoteca, a partir de ahora quiero echar marcha atrás para ahorrar y comprarme las estampas de los Caballeros del Zodiaco. Tampoco quiero volver a jugarme la vida conduciendo un coche o una moto, prefiero seguir jugando con mi Scalextric, que es más seguro y más barato.


Además, echo de menos muchas cosas de antes, por eso quiero volver a vivirlas: el colegio, los amigos, las amigas, los viajes de estudios, los juegos, los juguetes, las Navidades con ilusión, la familia unida, no comerme la cabeza, no sentirme diferente, tener ganas de vivir… no sé, todas esas cosas que ya casi no recuerdo y que me gustaría revivir.


El caso es que ya lo he decidido, así que si a partir de ahora veis que no vuelvo por aquí es porque seré demasiado pequeño para coger un ordenador, conectarme a Blogger y subir mis comentarios, espero que lo entendáis.


P.D. La semana que viene estáis todos invitados a venir a mi casa a jugar con los Playmobil, además, mi madre nos hará para merendar unos sándwiches de Nocilla y podremos jugar a la Supernintendo hasta que nos salgan callos en los dedos.


P.P.D. Juanito, tú no puedes venir, ya no te ajunto hasta que no reconozcas que mi Leticia Sabater es la mejor presentadora infantil del mundo. Chincha rabiña.


Feliz Semana.

martes, 13 de enero de 2009

COMO EL AGUA EN UN DESIERTO


¿Quién lo iba a decir? Llegaste hace unos cuatro años, justo en un momento clave en mi vida, plena depresión, ataques de ansiedad… para más INRI época de exámenes, semanas y semanas encerrado en mi habitación, tirado en mi cama, con las luces apagadas y sin ganas de ver a nadie, yo solo quería llorar y llorar (lloré tanto que creo que se me acabaron las lágrimas y tuve que empezar a llorar saliva).


Llegaste sigiloso, como el que no quiere la cosa, y poco a poco te fuiste haciendo un hueco en mi vida. Vale, ya sé que no vivimos las mismas circunstancias, tú tenías 31, yo 22, tú estabas casado y con hijos, yo estaba más solo que la una (para variar), pero con el paso de los días fuimos viendo que ambos somos muy parecidos: tranquilos, responsables… no sé, podríamos decir que somos buena gente, y que en esos días nos caímos bien.


La verdad es que cuando te conocí yo pensé: “Qué tío más feo, con esas orejas tan grandes y esos ojos tan pequeños, seguro que si se quita las gafas, los ojos le desaparecen”. Tú pensaste: “¿De dónde habrá salío el niño pijo este, con los pelos largos y la cara llena de granos?”. Pero el caso es que con el paso del tiempo, ni yo te veía tan feo, ni tú seguías pensando que yo era un niño pijo. Porque ya no nos importaba nuestro aspecto físico, nosotros nos “veíamos por dentro”.


Yo nunca había tenido un AMIGO (con mayúsculas) por muchas razones, uno de los motivos es que siempre me he llevado mejor con las chicas que con los chicos, por eso me he relacionado más con ellas que con ellos. También influye que soy una persona muy reservada y nunca me he dejado conocer, nunca me he abierto a nadie, porque siempre me he llevado “muchos palos” con eso, y después de tanto palo, estás siempre a la defensiva; así soy yo, un manojo de sentimientos encerrado tras un muro de hormigón armado.


Pero tú, con mucha paciencia fuiste picando y picando ese hormigón y me hiciste despertar de mi letargo, conseguiste que me fuera abriendo a ti, y al mundo. Conseguiste que pasara de todos los complejos y prejuicios y me esforzara por ser yo mismo con todo y con todos, y eso, quieras o no, te lo tengo que agradecer.


A cambio yo no podía darte mi experiencia, porque yo no tenía experiencia en nada, pero siempre he estado ahí cuando has necesitado desahogarte (que falta te hacía), cuando has necesitado mi hombro (para llorar o para ayudarte a empujar hacia arriba esos ánimos), cuando no llegabas a fin de mes y tenías que hacer casi magia con el sueldo… no sé, te he estado siempre tan agradecido de que fueras la primera persona que se molestara en escucharme y en intentar comprenderme, que no había cosa en el mundo que no te hubiera conseguido si me la hubieras pedido.


Durante todos estos años para mí más que un amigo has sido como un hermano, mi confidente, mi otro yo, mi ejemplo a seguir, no había cosa que me pasara (buena o mala) que no te contara. Y tu familia ha sido como mi propia familia. Me habéis aguantado fines de semana, festivos, cenas, comidas… me habéis hecho sentirme uno más y eso… no sé cómo os lo voy a pagar.


Pero no todo ha sido jijiji y jajaja. No todo han sido alegrías, también hemos pasado nuestros baches, como si de una pareja se tratara, hemos “cortado” y “re-cortado” muchas veces. Hemos hecho miles de “borrones y cuentas nuevas”. Pero siempre hemos sabido que nuestra amistad está muy por encima de todas esas gilipolleces que se nos han cruzado en el camino.


Hoy me he decidido a escribirte este post porque ya llevamos más de un mes sin hablarnos fuera del trabajo, sin quedar, sin juntarnos… llevamos más de un mes sin ser nosotros, ahora somos tú (por un lado) y yo (por otro) y eso me requema por dentro. Sé que yo tengo gran parte de la culpa, por “exigirte” cosas que no siempre puedes hacer, por ser demasiado agobiante a la hora de conseguir lo que quiero, pero es que te aprecio un huevo, y veo que poco a poco nos vamos alejando (tú en tu isla y yo en la mía) y no te quiero dejar escapar sin luchar por volver a tener nuestra amistad con mayúsculas.


Te echo de menos colega, me haces falta, necesito hablar contigo, reírme contigo, volver a las bromas, a las tonterías, a ser bordes con nosotros mismos, a cachondearnos de los demás… necesito que volvamos a ser amigos.


Simplemente, te necesito.

jueves, 8 de enero de 2009

NUNCA ME CONFORMÉ CON PARTICIPAR


LA VIDA EN JUEGO

Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.

Donde tengo el amor, toco la herida.

Donde pongo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.

Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo, y juego
lo que me queda: un resto de esperanza.

Al siempre va. Mantengo mi postura.

Si sale nunca, la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza.

Ángel González

A veces la vida es como la ruleta de un casino, tú llegas con tu dinero, haces tus apuestas y si tienes suerte doblas o triplicas la pasta y si no la tienes pues te quedas sin nada y sales del casino con una mano delante y la otra detrás.

Eso es la vida, un juego, pero en vez de ganar dinero, lo que ganas son experiencias, unas son buenas, otras son malas, pero tanto para unas como para las otras tienes que apostar, tienes que invertir tu tiempo y tienes que elegir entre tantas y tantas opciones que se te presentan cada día que la mayoría de los días ni siquiera tú mismo sabes si has elegido bien o no.

El secreto está en pensar que hagas lo que hagas estás haciendo lo correcto y en poner todo tu empeño en salir victorioso en cada apuesta. ¿Que resulta que has apostado al color equivocado? Pues no pasa nada, “a lo hecho, pecho”, te esfuerzas todo lo posible para que tu color salga victorioso y si no… otra vez será.

En la ruleta hay un problema y es que ganar o perder se lo debemos 100% a la suerte mientras que en nuestra vida tenemos una gran ventaja, que de los errores se aprende, y a la siguiente apuesta vamos con la lección mejor aprendida. Claro que duele perder una, otra y otra vez, pero no se puede perder eternamente, y cuando más pierdes más experiencia tienes, de modo que cada vez se hace más difícil volver a perder.

En resumidas cuentas, lo que pretendo decir es que la vida al fin y al cabo es lo que nosotros queremos que sea, porque somos nosotros los que vamos marcando el camino y las apuestas que queremos (o que tenemos) que vivir.

En mi opinión la vida es la partida más larga que jugamos todos, pero si no lo hacemos bien, corremos el riesgo de que se pase en un suspiro. Así que hoy, 8 de enero de 2009 os invito a todos a apostar fuerte, cerrar los ojos, tirar los dados y luchar por ganar vuestra partida.

martes, 30 de diciembre de 2008

DE COLOR DE ROSA


Queridos reyes magos, sé que es un poco tarde para escribiros la carta pero… como dice mi abuelo: “más vale tarde que nunca”, además “nunca es tarde si la dicha es buena” y como creo que es buena (al menos para mí) pues ahí va mi carta para este año.


No fumo, no bebo, no voy con mujeres malas (ni buenas), nunca he probado las drogas, nunca me he peleado con nadie, siempre he sido responsable (de más) y siempre he hecho lo que he considerado más correcto… pero bueno, todo eso ya lo sabíais porque como sois magos… en fin, que después de pensarlo durante un año entero he decidido lo siguiente:


En primer lugar tengo que deciros que estoy hasta los huevos de ser bueno, ser bueno no me ha llevado a ningún sitio, así que a partir de este año no seré malo, pero no seré todo lo bueno que puedo ser. Es que ser bueno es aburrido, y como llevo tanto tiempo siendo el más bueno, creo que por un añito de tregua, tampoco tiene por qué pasarme nada, ¿no?


El caso es que este año paso de sudaderas, pantalones, chandals, jerseys, abrigos, y complementos. Tampoco quiero colonias ni perfumes (los odio), y por supuesto, ni se os ocurra aparecer con más bufandas y guantes, porque con todos los que me habéis regalado ya, me van a faltar inviernos para estrenarlos.


Tampoco soy de los que pide cosas absurdas en su carta. No os pido la paz en el mundo, ni erradicar el hambre, ni una justicia justa, ni nada parecido, porque aunque sé que sois magos, hay cosas que dependen más de todos nosotros que de vosotros.


Lo de pedir salud, dinero y amor ya está muy visto, además, mi amigo Juan lleva años pidiendo eso y siempre acaba con un par de gripes al año, más tieso que un ajo (en cuestión de perras) y ninguna relación le ha durado más de dos semanas. Y yo para acabar así “virgencita virgencita que me quede como estoy”.


Este año os lo voy a poner muy pero que muy fácil, porque después de darle mil vueltas a la cabeza, he decidido que el regalo que quiero tener este 2009 son mariposas. Sí, mariposas, esos bichos con alas de colores que aunque son insectos gustan tanto a todo el mundo. Pues eso, quiero mariposas.


¿Cómo? ¿Que no entendéis porqué quiero mariposas? Pues es bien sencillo. Sabéis que yo hablar, lo que se dice hablar no hablo mucho, pero en eso de escuchar soy un hacha, nadie quiere hablar conmigo pero todo el mundo viene a que lo escuche, y escuchando a unos y a otras, al final he llegado a la conclusión de que todos tenemos problemas, todos sufrimos por unas u otras cosas pero cuando tienes esas mariposas, las mariposas en el estómago, todo el mundo cambia, nadie se acuerda de lo malo, todo se vuelve de color de rosa. Y yo no quiero seguir viendo las cosas blancas o negras, este año quiero las cosas de color de rosa.


Así que ya podéis poneros las pilas y buscarme esas mariposas porque como no me vengan el 6 de enero, el año que viene os pienso hacer un boicot y me iré a la competencia, que aunque es uno solo, tiene un trineo, un montón de renos que vuelan y viene diez días antes que vosotros.

jueves, 25 de diciembre de 2008

CUANDO NADIE ME VE


23 años es el tiempo que nos conocemos mi mejor (y única) amiga y yo. Llevamos 23 años juntos, para lo bueno y para lo malo. Fuimos a la escuela juntos, después coincidimos en el mismo instituto, más tarde hicimos los dos la misma carrera universitaria, y después de eso, ambos elegimos licenciarnos también en Periodismo y compartir el mismo piso de estudiantes junto con otros compañeros.

Por si fuera poco, el año pasado nos buscamos un preparador para las oposiciones a secundaria y los dos nos estudiamos los mismos temas (bueno, ella uno más que yo), y ambos aprobamos las oposiciones, pero ella sacó un 9 y yo un 7 y a partir de ahí todo fue diferente. Hay que ver cómo dos simples números pueden cambiar la vida de dos personas. Ella por supuesto tiene plaza en un Instituto de la Región y es y será profesora hasta que se jubile, y yo ahora simplemente tengo que esperar.

El caso es que si antes me sentía solo, ahora sé que estoy solo y además me siento vacío.

Me explico, hemos pasado toda una vida juntos, hemos reído, hemos llorado, hemos convivido, jugado, gritado, y mil cosas más y siempre el uno con el otro. Ella tiene novio desde hace 10 años y él nunca ha sido un problema para seguir siendo amigos, es más, yo con él me he llevado siempre bien, incluso hemos pasado cuatro años conviviendo en un piso de estudiantes en Murcia, pero esta tarde he tenido una sensación muy rara:

Mi pueblo, las 7 de la tarde, plena zona de fiesta, los pubs a reventar (porque es Nochebuena) y cuando llego al lugar donde estaba mi amiga con otras amigas suyas, se me acerca toda emocionada y me dice: “mi novio me acaba de pedir matrimonio y yo le he dicho que sí, ¡¡tío, que me caso!!”.

Yo en ese momento no sabía cómo reaccionar, no sabía si reír o llorar o gritar o abrazarla o yo qué sé. Pero mi reacción ha sido de alegría, me he alegrado muchíiiiiiiisimo por ella. ¿Sabéis esa sensación de querer para una persona todo lo bueno que pueda pasarle? Pues eso es lo que yo siento por ella, si fuera por mí, a ella todo lo que le pasara de ahora en adelante sería bueno (porque se lo merece).

Pero esa sensación de alegría por ella, después, en mi casa se ha vuelto contra mí, me ha entrado un bajón del 15. No es tristeza, ni envidia, ni nada de eso, es simplemente que siento que todo el mundo gira mientras yo sigo aquí parado, y ahora que no la tengo a ella conmigo, a mi lado (porque está trabajando a unos 100 kilómetros de mí) es cuando me he dado cuenta.

Su vida ha dado un giro de 180º porque hace unos meses lo único que ella tenía era a su pareja, pero ahora tiene a su pareja, un trabajo fijo, un piso, un coche, dinero, una futura boda… y yo… ¿qué tengo yo? Nunca he tenido una pareja que me apoye cuando lo he necesitado, ni un piso propio al que poder irme para desconectar, ni dinero suficiente para independizarme, ni siquiera un buen trabajo y eso de la boda… jajajaja, me da hasta risa pensar en casarme, porque simplemente, no lo veo.

El caso es que sus padres se quedan sin su hija y yo (por mucho que intente engañarme a mí mismo) me quedo sin mi amiga. Sí, ya sé que no se ha muerto, ni ha desaparecido del mapa, pero por más que yo quiera… las cosas ya nunca serán como antes, y eso por mucho que quiera disimularlo… DUELE.

jueves, 18 de diciembre de 2008

¿NOS SENTAMOS O NOS SENTIMOS?

Casualidades de la vida. Resulta que hace unas horas he pasado por el blog de mi “amigo” Tetealca y he leído algunos comentarios suyos sobre la sensibilidad, la capacidad para emocionarse, el sentir que tu corazón se hace más y más pequeño… no sé, un montón de cosas interesantes sobre sensaciones y sentimientos.

El caso es que le he dejado en los comentarios una “réplica” en la que más o menos venía a decir que si yo pudiera elegir entre ser una persona sensible y una persona fría y sin sentimientos, elegiría esta segunda opción, porque ser sensible te hace más humano, más “persona”, pero no serlo seguro que me quitaría muchos calentamientos de cabeza, siempre sufriendo, siempre pensando en cómo ayudar a los demás, etc.

Además, en este mundo en el que vivimos, lleno de prejuicios y dobles morales, todos vemos bien que una chica sea sensible, sentimental, etc., porque la sociedad se ha creado el “arquetipo” de que así es como se supone que deben de ser, mientras que cuando un chico es sensible, siempre se tiende a pensar en chicos débiles, frágiles y afeminados.

(Más o menos ese ha sido mi razonamiento en mi comentario a su entrada).

Pues bien, resulta que hace tan solo unos minutos acabo de visitar el blog de mi “amigo” (online) Funcionario’s Blog y he visto un vídeo que me ha hecho cambiar de opinión radicalmente.



Definitivamente prefiero ser un tío sensible (o hipersensible en su defecto), prefiero emocionarme antes que ser un témpano de hielo, prefiero llorar a mostrar mi indiferencia, prefiero tener que respirar hondo y soltar un suspiro antes que llegar a no sentir nada por nadie (ni por nada).

Después de ver el vídeo y de sentir que mi corazón cabía en un puño, y de ver cómo casi se me saltan las lágrimas por el coraje y por las ganas de vivir de la abuelita que se echa a su niño al hombro para poder sacarlo de su casa y pasearlo, después de todo esto me he dado cuenta de que no soy el ombligo del mundo, de que las cosas no empiezan ni acaban en mí. Bien es cierto que no puedo dedicarme a sufrir siempre por los demás, pero tampoco podría ser de piedra, siempre hierático e impasible, firme y duro contra viento y marea… No. Yo no podría con todo eso, simplemente porque YO NO SOY ASÍ, y desde hace un momento… tampoco quiero serlo.

lunes, 15 de diciembre de 2008

SIGO AQUÍ (segunda parte)


ME BASTA ASÍ

Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
—de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso—;
entonces,

si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando —luego— callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta).

El poema es de mi poeta favorito: Ángel González.

Cómo me hubiera gustado poder decir estas palabras alguna vez (o al menos algunas parecidas), cómo me hubiera gustado sentir eso que llaman amor, que muchos sienten y que muy pocos valoran. En cambio no, a mí no me ha tocado vivir eso. Posiblemente sea porque ni siquiera me he molestado en sentir, yo sólo me he preocupado en pensar, y ahora estoy sufriendo las consecuencias (para bien o para mal).


26 años, dos carreras universitarias, una oposición aprobada (sin plaza) y un vacío en mi interior con el que podría llenar (vaya paradoja) varios campos de fútbol. Ese vacío son los huecos que me faltan por llenar, que me faltan por vivir; oportunidades y posibilidades que voy “dejando de lado” para “mañana”, pero sin saber si volverán a pasar por delante de mí para poder aprovecharlas.


Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa, por no saber querer, por no saber dejar que me quieran, por ser egoísta con los demás y conmigo mismo. Por eso y por tantos y tantos miedos que te acaban haciendo pequeño, muy pequeño. Nunca un chico con 1’90 metros de altura se sintió tan pequeño como yo he llegado a sentirme.


Pero no te equivoques, esto que siento no es tristeza, ni autocompasión, ni nada parecido, lo que ahora siento es rabia, mucha rabia por haber tardado tanto tiempo en darme cuenta de que la vida no es solamente estudiar y luchar por unos estudios, por un trabajo, por ser alguien en la vida.... porque si sólo ves eso, te pierdes muchísimas cosas.


Mi amigo suele decirme algo así como: “No dejes que los árboles te impidan ver el bosque”, pues algo así me pasa a mí, que estoy tan ciego esperando a que llegue algo en mi vida para devolverme las ganas de vivir, que no me doy cuenta de que lo que estoy viviendo es también parte de mi vida y lo estoy dejando pasar sin aprovechar cada momento.


Quizás no sea demasiado tarde, quizás aún haya tiempo de enmendar algunos errores, quizás la vida siga... quizás valga la pena seguir adelante, simplemente por ver qué es lo que viene después.


P.D. Si creías haberme ganado, lo siento, porque... SIGO AQUÍ... y ahora prepárate porque me toca a mí mover ficha y.... esta vez voy a luchar por ganar.